viernes, 12 de agosto de 2011

Fragmentos de un año.


Un año. Resulta casi imposible resumir un año de tu vida en pocas palabras.. Hace ya un año desde que todo lo que podía denominar como “mi vida” dio un giro de trescientos sesenta grados. Hace un año que dejé una isla en la cual tenía todo lo que podía desear en un intento de “conseguir algo mejor”.

Un año. Trescientos sesenta y cinco días que dan para mucho; reír, llorar, soñar, imaginar, desear, añorar, discutir, echar de menos, disfrutar. Ha sido un año en el que por primera vez he hecho de todo sin dejar de ser yo.. con grandes altibajos –Para qué negarlo–, pero aún así ha estado repleto de experiencia, de lecciones, y también de grandes alegrías. Grandes personas, grandes lugares, grandes sensaciones, y una gran felicidad y satisfacción. Y es que, hace un año me encontraba en ésta misma habitación llorando, seguramente, por no querer abandonar una isla en la cual era feliz. Sin querer irme lejos y abandonar todo lo que tenía.

“¿Por qué no lo dejas y esperas un año más? Total.. no has entrado en la carrera que querías.” Era una de las grandes frases que todo el mundo repetía. Y no, no lo negaré, al principio barajé la idea de una cierta demencia por mi parte al querer entrar en una carrera que sabía desde un principio que no sería para mí. Pero, lo mejor es que a día de hoy no me arrepiento en absoluto. Ni un año perdido ni leches en vinagre. Madrid y Estadística me han enseñado en un año lo que jamás habría imaginado aprender; ser feliz en el momento. Habré llorado por mil cosas; perder un tren, una llamada, un sms, decepciones, nostalgia, borracheras, coger un avión, nervios e incluso de la risa. Pero he aprendido a disfrutar cada momento al máximo y a valorar lo que el día a día me ofrece. A vivir, y ese es el mejor regalo.
Experiencias nuevas, amigos nuevos, lugares nuevos.. Que con el paso de los días he hecho míos. Y que seguirán siendo míos, parte de mi historia y, a ser posible, de mi día a día. Aprendí a no suponer nada; viejos vínculos se fortalecieron lo inimaginable, e incluso aquellos que creía irrompibles han desaparecido. He aprendido a valorarme, a no darme por vencida. Luchar por lo que quiero y sentirme orgullosa por lo que logre. Sin dejar nunca de sonreír.
Por todo ello, a día de hoy sé que puedo decir que no me arrepiento de haber luchado, de haberme esforzado, de entrar en una carrera que de buenas a primeras no me gustaba y tampoco de haber abandonado cosas por el camino.. Porque, gracias a ello, todas las cosas buenas se han quedado conmigo. Y, entre ellas, los grandes amigos.

Porque, un año da para mucho. Pero sobre todo, y lo más importante; para aprender a ser feliz como nunca.


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